¿Alguna vez te has preguntado cómo algunas personas parecen aprender cosas nuevas con facilidad, mientras que a ti te cuesta más? La respuesta está en tus hábitos.
La buena noticia es que puedes cambiarlos. Con tan solo 10 minutos al día dedicados al aprendizaje, puedes transformar tu vida y alcanzar tus metas. ¿Suena demasiado bueno para ser cierto? Sigue leyendo y descubre cómo.
¿Por qué 10 minutos hacen la diferencia?
Nuestro cerebro es como un músculo: se fortalece con el uso. Al dedicar tiempo diario a aprender cosas nuevas, creas nuevas conexiones neuronales y refuerzas tu capacidad de aprendizaje. ¡Es como construir un hábito!
¿Cómo empezar?
Haz una lista de tus hobbies, artistas o influencers y de lo que hablan.
Identifica el formato en el que más te gusta consumir contenido.
Investiga sobre esos temas y empieza, pero empieza ya.
Platícale a alguien lo que has aprendido. Te ayudará a retenerlo más fácil.
Hazlo durante 21 días, 10 minutos al día.
¿Y si soy muy procrastinador?
Técnica Pomodoro: Establece un temporizador de 25 minutos para concentrarte en una tarea y luego toma un descanso de 5 minutos. Repita este ciclo varias veces.
Método Kanban: visualizar tus tareas en un tablero para tener una mejor perspectiva de tu progreso.
Un plan sencillo para superar la procrastinación
Imagina que tienes que entregar un trabajo final de Literatura. En lugar de dejarlo todo para el último momento, puedes organizar tu tiempo de la siguiente manera:
Día 1: Dedica 1 hora a entender bien el trabajo.
Día 2: Invierte 1 hora en investigar y empezar a escribir.
Día 3: Lee las lecturas complementarias y continúa escribiendo.
Día 4: Organiza tu trabajo y redacta la introducción y conclusión.
Día 5: Revisa y entrega tu trabajo.
En resumen, planear y dividir un proyecto en pequeñas tareas diarias te ayuda a sentir menos estrés o ansiedad, a obtener mejores resultados y sentir mayor satisfacción por el objetivo cumplido.
Inspiración de grandes mentes
Muchas veces la escuela no es lo nuestro o sí, pero el camino del aprendizaje va más allá. Por ejemplo, hay varios personajes famosos que no destacaron en la escuela, pero dejaron un legado significativo en el mundo. Te cuento quiénes son:
Pablo Picasso: A pesar de que sus pinturas se venden por millones de dólares, tuvo dificultades en la escuela y fue diagnosticado con dislexia.
Leonardo Da Vinci: El renombrado inventor, científico, ingeniero, pintor y escultor tenía TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad).
Albert Einstein: No habló hasta los 4 años y no pudo leer hasta los 7. Uno de sus maestros lo describió como “mentalmente lento, poco sociable y siempre perdido en sueños tontos”.
Walt Disney: Fue despedido de un periódico porque carecía de imaginación y no tenía buenas ideas. Afortunadamente, demostró lo contrario.
Un ejemplo claro son mis hermanos, pues a pesar de no ser los estudiantes más destacados, demostraron que el éxito no se limita a las calificaciones. Crecieron y enfocaron sus habilidades en lo que les interesaba.
Uno de ellos, terminó la licenciatura en Administración y trabaja en el corporativo de un banco. Mi otro hermano enfocó sus habilidades en aprender sobre instalaciones eléctricas y arreglo de celulares.
Me enseñaron que la clave está en no perder la motivación por aprender, por superarse y trabajar con lo que tenemos, mientras logramos lo que queremos.
¿Listo para transformar tu vida a través del aprendizaje?
Comienza hoy mismo. Elige un tema que te apasione, dedica 10 minutos diarios, utiliza el método que mejor te funcione, ya sea la técnica Pomodoro o el método Kanban, y observa cómo crece tu conocimiento y confianza.
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